
A mi no me importa si fueron los oficialistas buscando fastidiar a los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, porque no se saben comportar. Tampoco me importa si fueron los de oposición comandados por Leopoldo Castillo y compañía. A mi no me importan las ideologías en este caso, me importa la maldad de los individuos que realizaron los actos delictivos de quemar varios carros y/o camiones en la UCV.
La maldad es increíble, ya no se trata de joder al otro porque no te gusta su pensamiento, ya se trata de atentar contra lo que se encuentre por delante. Es el camión del que distribuye mercancía para mantener a su familia, es el autobús del conductor del recinto universitario, es el conductor de su automóvil particular, porque a nadie le importa, porque nadie pensó en ellos. Nadie pensó en que dañaban un patrimonio, nadie pensó que dañaban la estructura de la Federación de Centros Universitarios, no pensaron en detalles, no pensaron en nada, simplemente arremetieron con lo que estaba allí, porque en este país ya no nos importa en absolutamente nada el otro.
Nos convertimos en egoístas, cada uno por su lado, que se jodan los profesores trabajadores que ganan una miseria porque el tráfico en la mañana era detestable gracias al camión de la entrada, que se joda el obrero, que se jodan los estudiantes sean de derecha o de izquierda, que se jodan todos los que tienen carro y todos los que quieren a su universidad. Que se joda el que quiere entrar a visitar a un familiar enfermo en el Hospital, porque vengas en autobús o carro, la cola te agarra.
Que se jodan todos. Absolutamente todos, porque aquí nadie piensa en nadie.
A ver si dejamos un poquito la hipocresía que nos está matando y dejamos de hacer ridiculeces y aprendemos a ser hombres y mujeres de verdad, a defender nuestras ideologías y nuestro país sin dañar lo ajeno. Como dice ese refrán cliché, “Por eso es que el país está como está”.
K.